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sábado, 26 de octubre de 2013

Grandilocuencias ruinosas



Una de las mayores grandilocuencias de la década de los 90, con las que los dirigentes del país nos regalaban el oído a los españoles, fue aquella de que la liberalización de la energía iba a resultar beneficiosa para el consumidor, pues la competencia haría bajar los precios.
Después, en los años 2000, los políticos cambiaron de martingala y comenzaron a cantar la excelencia de la energía verde y de las renovables para «descarbonizar» (eliminar los residuos de carbono) a la economía europea y quebrar la tendencia ascendente de la dependencia del exterior para la generación de electricidad. La energía producida por los molinos de viento, el sol o las mareas iba a ser necesariamente barata. Incluso una cumbre europea, la de marzo de 2007, consagró aquel canon mágico de los tres veintes por ciento: un 20% de generación de energía en Europa a partir de fuentes renovables, otro 20% de ahorros en consumos mediante medidas de eficiencia energética y un 20% de reducción de vertidos de gases causantes del «efecto invernadero», todo ello en el horizonte de 2020.
Nadie, ni en los 90 ni en los 2000, se atrevió a aventurar que estos objetivos estratégicos podrían tener un costo, y mucho menos abultado, pero no cabe ninguna duda ya de que la operación ha sido ruinosa para los bolsillos de los ciudadanos, los cuales, además, no han llegado a disfrutar de ninguna de las ventajas prometidas: los precios máximos de los derivados del petróleo desaparecieron y los consumidores españoles quedamos a merced de los abusos de las grandes corporaciones petrolíferas y de los mercados financieros. Y como el Gobierno nada o poco puede contra estos o aquellas, ha optado por ignorarlas: el IPC, en el que el precio de la energía tiene una influencia acusada, no es ya el referente para la revalorización de las pensiones, ni para los sueldos. Y para qué hablar de la electricidad, cuya rampante tarifa está estrangulando los esfuerzos de competitividad del menguante tejido industrial del país, además de asfixiar aún más a la tambaleante economía de las familias. Para defender su reforma, la de julio, el Gobierno viene a decir que no hacer nada hubiera sido mucho peor para todos. Algunos no compartimos ni sus estimaciones ni la orientación de su esfuerzo legislativo, que no ha profundizado en el factor central pendiente de clarificación: los costos imputados por los grandes del sector a la energía que facturan.
Estos días nos encontramos a las puertas de un cambio de estrategia. No es que Bruselas se prepare para arrinconar el canon del «triple 20», que figura ahí, escrito en bronce en el frontispicio de los desiderata europeos, pero sí está considerando cambios de énfasis, vamos a llamarlos así, en la política energética europea, que pondría más en valor las necesidades de los mercados y de la eficiencia energética que hasta ahora.
Lo saben bien las grandes eléctricas europeas, que han desembarcado en tromba en las instituciones comunitarias para defender la tesis de que la energía barata pasa por el abandono de la promoción de nuevas tecnologías que ya han alcanzado la madurez (eólica, solar) y por el apoyo financiero a otras maneras de generar electricidad, cuyo desarrollo es incipiente y que no pueden subsistir en un mercado de contratación ordinaria.
El comisario Oettinger, (Energía) se ha comprometido a dar respuesta a las demandas que, en este sentido, le formularon los grandes del sector el pasado día 11, algunas de las cuales considera «justas».
Pero la Comisión, que reconoce en pasillos la necesidad de compensar de alguna manera a las empresas que mantienen una capacidad de generación suficiente para hacer frente a las necesidades del mercado cuando fallan el viento o el sol (lo que llaman «energía de backup», en España ya reciben primas por ello), tampoco está muy interesada en mantener un statu quo que beneficia única y exclusivamente a los grandes generadores de energía, que configuran en Europa un oligopolio de facto. De aquí a finales de año habrá propuestas comunitarias para compensar económicamente a quienes disponen de estas grandes fuentes de generación, pero la remuneración de capacidades no es la única fórmula que considera la Comisión: se barajan también la integración de mercados y la ampliación de plazo de los contratos de suministro, para acomodar mejor la oferta de energía procedente de fuentes diversas.
Esperemos que el sector no encuentre en la nueva regulación motivos de agravio que le lleven a exigir al Gobierno nuevas compensaciones, vía tarifa. Sería el colmo.

sábado, 27 de julio de 2013

Un chorro con dos caños


Ingresos del país, eje de la izquierda, per cápita, derecha

El Departamento de Energía de los Estados Unidos acaba de hacer público su informe periódico sobre las rentas del petróleo de los países de la OPEP. Son cifras de otra galaxia: Arabia Saudí obtuvo en 2012 una renta neta del petróleo de 311.000 millones de dólares, seguida a larga distancia por los Emiratos Arabes Unidos, cuyos ingresos netos por este concepto "se quedaron" en 100.000 millones (vean el gráfico que les adjunto). Destacan en la información del citado Departamento la traducción per cápita de esos ingresos, que en caso de Qatar se elevan a 54.071 dólares, frente a los 611 de Nigeria, que es el tercer miembro de la OPEP en ganancias netas.

Semejante chorro de dinero tiene su explicación en el precio del crudo, que en 2012 cotizó a una media (en el caso del North Sea dated) de 111,68 dólares, ligeramente por encima de los 111,21 de 2011, muy lejos de los 79,51 de 2010. Y muchísimo más lejos aún de los precios que rigieron en los mercados del crudo y de los derivados a todo lo largo de los años 90 del siglo pasado y comienzos de la primera década del siglo XXI, que oscilaron entre los 20 y los 40 dólares por barril.

Existe una tensión permanente en los países productores de crudo y los consumidores, sobre la causa real de que los precios del crudo estén tan altos. La OPEP acusa  los especuladores, y a las necesidades de recaudación de los países europeos en particular, del estado de cosas actual. Los occidentales se defienden alegando que la oferta de crudo es demasiado corta para las necesidades reales. Cualquier noticia negativa cobra, en ese último contexto, una dimensión espectacular. Ahora le toca el turno a las revueltas en Egipto y en Nigeria, que justificarían, al decir de quienes siempre tienen la misma explicación para todo, el "temor" a recortes futuros en el suministro y, consiguientemente, la subida de precios en el presente.

Este último argumento, el de una oferta corta, perdió prestancia cuando los contratos de futuros cayeron estrepitosamente durante la crisis financiera reciente. Sin la presión de quienes negocian con lo que denomina "barriles de papel" (compromisos de compra y de venta sobre productos que no existen aún), en los Mercados de Futuros, los precios del crudo cayeron en 2009 del orden de 50 dólares por barril, grosso modo, para remontar después, nuevamente sin freno, en lo que el presidente de la Conferencia de la OPEP, Chakib Khelil, había atribuido en Bruselas medio año antes, en junio de 2008, a causas meramente especulativas: "Es a raíz de la crisis de las subprime cuando se suscita un flujo de fondos que se han quedado sin rendimiento en el mercado hipotecario, hacia el petróleo. Esa especulación ha provocado un desfase de 40 dólares en el barril de crudo", decía entonces.

Lo de las necesidades de recaudación es evidente: la media ponderada del impacto fiscal de los impuestos en la gasolina normal (95NO) se situaba el 8 de julio de este año en la Europa comunitaria en un espectacular 57%, (cifras del Boletín Petrolero de la UE) cuando al otro lado del Atlántico, en los Estados Unidos, esas cifras no tienen parangón: los impuestos sobre la "Premium" representan un 12% del precio final, otro 11% se lo lleva la distribución y el márquetin, el 12% se va al refino y el restante 66 por ciento corresponde al precio del crudo. Ese desglose arroja un precio final por litro de 3,63 dólares por galón o 0,96 dólares por litro, que equivalen a 0,73 euros (cifras de la Agencia de Energía estadounidense correspondientes al 22 de julio pasado).

Desglose del precio de la gasolina y el diésel en los EE.UU. según el departamento de Energía.


Es obvio que los mercados financieros tienen una influencia acusada de los precios. Lo que está por ver es si esa influencia es legítima o no, y parece que no lo es porque las autoridades reguladoras norteamericanas están revisando la autorizaciones concedidas a la gran banca de inversión (sí, la misma que engaño con las subprime, los Goldman Sach, Barclays, Morgan Stanley, JP Morgan Chase) para traficar con activos físicos (no ya de papel) de materias primas, el petróleo y sus subproductos incluidos. Esa banca está autorizada para comerciar con derivados en los mercados de futuros de materias primas, pero desde 2003 puede hacerlo también con activos físicos. "Existe un riesgo objetivo de manipulación y comportamientos anticompetitivos de los bancos de Wall Street, al intervenir estos tanto en los mercados físicos como en los de futuros", dicen en la Reserva Federal, según citas reproducidas por el Financial Times.

La investigación forma parte del cerco al que están siendo sometidos los operadores de los mercados de materias primas y otros agentes relacionados con ellas, desde que el G20 reclamara mayor transparencia al sector.


La percepción de que los precios del petróleo son un abuso no tanto de los países productores, como de unos mercados financieros sin control, es cada día que pasa más sólida. El chorro del oro negro irriga lo mismo a los productores, con las fabulosas rentas que les he detallado al principio, que a quienes trafican con él en los sofisticados mercados financieros de nuestros días. Y paga la población, que parece un mercado cautivo en nuestras sociedades "de libre mercado". 

sábado, 25 de mayo de 2013

Un sapo viscoso

El viscoso sapo de la avaricia ha anidado en el charco de petróleo. Reguladores y gobiernos sospechan que en el laberinto del oro negro se ocultan depredadores infinitamente  más letales que el Minotauro de la antigüedad. Aquella criatura mítica, a fin de cuentas, no salía de su prisión pero sus émulos de nuestros días han cubierto el planeta con una red que atrapa lo mismo dólares que euros, yuanes, yenes y rublos, con una eficacia que para ella misma quisiera la flota pesquera de gran altura.

Lo de la eficacia no es ninguna broma: en España ha sido noticia este mes que el margen de las petroleras ha crecido un 31 por ciento desde enero, pero eso apenas son peanuts en comparación con los beneficios de los 10 traders principales que operan en los mercados de materias primas, comprando toneladas lo mismo de petróleo que de cobre o de trigo, reales o de papel.  Esa red les ha permitido “cosechar” la coqueta cifra de 250.000 millones de dólares estos últimos 10 años, según cifras aparecidas el pasado abril. Algo debe estar pasando, se dicen las autoridades públicas, cuando en 2000, los beneficios de ese sector, en el que se cuentan  gigantes como Glencore, Cargill, Vitol, Trafigura, Noble Group o Mitsubishi, “sólo” obtuvieron 2.100 millones de dólares en beneficios. Se trata de sociedades, estas, en su mayoría privadas y no cotizadas. Sus beneficios superan a los de la gran banca norteamericana de inversión.

Mientras tanto, los clásicos del medio, las corporaciones petrolíferas, continúan inflándose los bolsillos. ExxonMobil, la más grande de entre las grandes, la antigua Standard Oil que fundara John D. Rockefeller, volvió el año pasado al primer puesto en el ranking norteamericano de empresas por beneficios que publica Fortune, con 44.880 millones de dólares, lo que representa un crecimiento del 9,3% respecto a la cifra de 2011. El logro, de todos modos, está ligeramente por debajo del récord de 45.220 millones de 2008. Y el mundo, de crisis.

Cito ExxonMobil porque ahora que está de moda la problemática de la evasión fiscal con los casos de Apple, Google, Amazon o Starbucks, resulta que la empresa en cuestión, que es la segunda en la lista de las que registran más beneficios en Bélgica según la clasificación de Trends, en 2011, sobre una cifra de 2.927 millones en beneficios, devengó sólo 30.381 euros en impuestos al fisco local.

Gobiernos y reguladores desconfían. Constatada la escasa voluntad de colaboración del sector a los requerimientos de transparencia del G20, ha llegado la hora de las investigaciones. Las hay para todos los gustos: La norteamericana Commodity Futures Trading Commission (CFCT), el regulador de los mercados de materias primas, está investigando, con gran disgusto del sector, si los contratos de swaps OTC (over the counter, a muy corto) realizados por las empresas del medio no son, en realidad, contratos enmascarados de futuros. El sector no es que niegue la práctica; dice que es cosa del pasado, que desde octubre, prácticamente no se hacen OTCs, que todo pasa al mercado de futuros (el que define las “apuestas” sobre lo que va a pasar con el precio de las materias primas a “equis” plazo).

A título de curiosidad, recordaremos que Suiza acoge los cuarteles generales de algunos de los principales traders del petróleo, pero Chipre es la sede social, a efectos fiscales, de varias de ellas, como Mercuria Energy Group Ltd o Gunvor Group Ltd. Ninguna de ellas parece haberse visto afectada por la crisis financiera chipriota.

La Comisión europea ha entrado también en el baile. Está investigando a Shell, BP y a la noruega Statoil, en busca de acuerdos espurios de fijación de precios, además de a la italiana ENI y, significativamente, a Platt’s, la filial de MacGraw Hill que define a diario los precios para los diferentes tipos de crudos y derivados del planeta. Sus números son determinantes para el precio que, al final, el consumidor paga en la estación de gasolina.

La investigación parece ser una consecuencia del oleaje provocado por el escándalo del Libor, el London Interbank Offered Rate, cuya manipulación por parte de los bancos que lo definían a diario ha sido probada.

Ahora se trata de descubrir si los mercados de petróleo y derivados, físicos o de papel, escasa o nulamente regulados y parcial o totalmente opacos, están siendo manipulados por un puñado de iniciados. La investigación puesta en marcha por Bruselas se retrotrae hasta 2002 y compromete un mercado de 200.000 millones de barriles de crudo al año, evaluado en unos 20 billones de dólares también al año, que determina  sus precios en base a las referencia de Platt’s para el Brent.

Pero la influencia de los precios de Platt’s va aún más lejos, pues son, a su vez, indicadores para los mercados de futuros y de derivados que se utilizan en el sector.


Se trata, obviamente, de un tema mayor y los riesgos están a la altura, porque si las autoridades pierden, los sectores concernidos reforzarán sus blindajes y será aún más difícil meterlos en vereda.

sábado, 2 de febrero de 2013

El chiringuito del petróleo



Los automovilistas españoles están indignados por el precio de los carburantes. El Gobierno dice estarlo también, pero su posición es menos, digamos, diáfana. Anda enredado el ministro Soria con los márgenes de los refineros y los de la distribución, que es el hueso del asunto, pero no va al magro, que es la estructura de precios del mercado. Quizás porque no pueda, todo hay que decirlo. En realidad, parece que nadie sea capaz de domeñar a las grandes corporaciones petrolíferas. Su comportamiento, chulesco, es aún más irritante que el de la gran banca de inversiones. No puede con ellas ni siquiera el G20, ese que se autodenomina, pomposamente, el “Gobierno económico del mundo”.

Volveremos a esas grandes corporaciones un poco más adelante en este artículo. Ahora voy a detallarles lo que he encontrado rastreando los precios de gasolinas y gasóleos en Europa a todo lo largo del año pasado. Para hacerlo, he utilizado las series de Boletín Petrolero de la UE (varios miles de cifras, estas cosas no las ponen fáciles) que edita la Dirección General de Energía de la Comisión Europea, el Oil Market Report de la Agencia Internacional de la Energía y las referencias del costo del aprovisionamiento de crudo de los países de la OCDE, (CIF, es decir, costo del producto más seguro y flete), que también compila la referida Agencia. 



De entrada, una constatación: España es, entre los principales socios de la UE, uno de a los que menos le cuesta el petróleo que adquiere (IEA supply cost CIF Jan-Sep 2012). Hasta septiembre de este año pasado año (últimos datos disponibles), la curva de costos (ver gráfico) estuvo casi todos los meses por debajo de las demás contempladas.


En cambio, cuando analizamos la evolución de los precios en España después del refino y antes de gravar los productos respectivos con la fiscalidad que les corresponde, observamos que son de los más altos. Constátenlo en el segundo gráfico que les adjunto. Las curvas corresponden a la gasolina Premium de 95 NO, que es la que he escogido para simplificar este trabajo. La pregunta es obvia: ¿cómo es posible que lo que se compra tan barato salga de los serpentines y crackers de nuestras refinerías tan caro? ¿Es que nuestros industriales son torpes? ¿O demasiado listos?

El jeroglífico, por muy aparente que resulte, no guarda entre sus pliegues la respuesta a la incógnita de los precios del crudo. Esa clave está más lejos, mucho más; se esconde en las salas privadas y cerradas en las que unas pocas personas deciden el precio de los diferentes tipos de petróleoo. De lo que pasa en esas salas no sabe nadie nada, salvo los que están dentro. En 2011, el G20 reclamó transparencia a las grandes corporaciones que manejan el mercado para introducir alguna garantía de que las cosas no se hacen mal, y esas grandes corporaciones le han contestado al G20 que nanay del Paraguay; y que como el “Gobierno económico del mundo” insista en lo de la transparencia, dejarán de prestar la escasa colaboración que ofrecen para dar una estructura medianamente coherente al mercado de crudo y refinados. Y que en la jungla que resulte, salga ganador el más fuerte. El pasado mes de septiembre, el Financial Times daba noticia de que los grandes organismos reguladores mundiales, como IOSCO (International Organisation of Securities Commission, la agrupación que integra a los grandes reguladores financieros) habían abandonado la idea de introducir los controles estándar en el sector y promovían, en cambio, el mantenimiento del statu quo. Y ello a pesar de que en el borrador del informe que se pretendía enviar al G20, citado por el referido medio, se señalaba que el statu quo “crea oportunidades para manipular los mercados de materias primas” y el riesgo de conductas deshonestas “no es una mera conjetura”. Estamos hablando de los grandes actores mundiales en el mercado del crudo físico, como BP, Shell, ExxonMobil, Chevron, Total o Glencore, el gigantesto trader que extiende sus tentáculos por todos los mercados de materias primas.

Que el riesgo de fraude  “no es una mera conjetura” lo demuestran los casos probados, como los de Energy Transfer Partners y Marathon Petroleum, dos empresas norteamericanas que fueron pilladas in fraganti cuando manipulaban los precios del gas natural o del crudo ligero tejano.

El statu quo que parece vaya a mantenerse no sólo es el que permite ese género de abusos sino también aquel en el que unas muy pocas empresas, de entre las que es principal la neoyorquina Platt’s, una filial de McGraw Hill como también Standard & Poor’s lo es, definen a diario los precios del crudo y los derivados para los diferentes mercados del planeta. Platt’s fue  la que determinó, en base a sus propios cálculos, que el precio del Brent dated del pasado marzo en Rotterdam fuera de 125.28 dólares por barril. Ese mes, el costo medio de aprovisionamiento de España estuvo casi tres dólares por debajo de la referencia de Platt’s (122,76 dólares, ver gráfico), pero la cifra utilizada por el sector para fijar los precios al consumo, los que nos cobran a usted y a mí, es la de Platt’s, no la otra. Y ahí sí que está el margen de beneficio. El gordo.

El precio de aprovisionamiento de España es normalmente inferior al que ofrece el mercado 'spot' de Rotterdam


Platt’s está en el ojo del huracán porque si bien su metodología de fijación de precios es conocida, no sucede lo mismo con el procedimiento en sí, que es calificado de no transparente por los reguladores. Tanto la composición como las deliberaciones del comité que se ocupa de fijar los precios son secretos. Igual que el sistema de verificaciones.

A Platt’s no le han podido probar ninguna manipulación de precios, pero sobre todos estos grandes chiringuitos desde los que se definen los precios finales para productos de consumo masivo, a escala planetaria, pesan grandes interrogantes desde el escándalo del Libor. Los bancos implicados han pagado multas, en general nimias para la materia comprometida en la manipulación del Libor, porque han robado a todo el que pedía una hipoteca o usaba una tarjeta de crédito. Pero a mí nadie me ha venido a devolver un euro por lo que he pagado de más. ¿Y a usted?

miércoles, 18 de enero de 2012

Golosona gasolina



El precio de la gasolina en España está ya más alto que antes de la crisis

Hoy he ido a ponerle gasolina al coche y me he encontrado con el litro de la de 95 a 1.67 euros. ¿Pero esto qué es?, me he dicho ¿No estábamos en crisis? Me he vuelto a casa y he comenzado a trastear con el ordenador (unos datos por aquí, otros por allí) y he terminado descubriendo que a día de hoy tenemos unos precios en venta al público para ese producto sensiblemente más altos que los que regían antes del inicio de la crisis financiera, en el verano de 2007. En España, concretamente, los precios de la “normal” de 95NO están ahora un 24 por ciento más altos que a mediados de julio de 2007 y el litro de ese refinado, antes de impuestos, ha subido un 31,84% con respecto a esa fecha. Proyectadas en el gráfico que les adjunto, y que he elaborado a partir de las cifras del Boletín Petrolero de la UE,  he encontrado, como siempre, una similitud en los movimientos de ambos valores (sin impuestos y en precio de venta al público), con notables salvedades a mediados de 2009, cuando el precio final del producto subió más que el costo en refinería. Y, naturalmente, la tendencia consolidada es al alza, en proyección lineal. Más en el producto tal y como sale de venta al público que a pie de refinería.

¿Qué está pasando? Pues lo de siempre: que los especuladores, los mismos que apuestan porque algunos países de la zona euro van a tener dificultades para devolver el dinero que les prestan, se han olido que los precios van a a tirar para arriba a causa de una serie de factores, como el peligro de una confrontación con Irán que reduciría la oferta, problemas con el refino que la recortarían aún más, y así. Y están utilizando los mismos instrumentos que han servido para estrangular financieramente a Grecia y a Portugal, y que a punto han estado de hacerlo con España o Italia: derivados negociados de tú a tú de los que no queda constancia en ningún registro accesible para la autoridad.

Ese mundo, el de los mercados de futuros del petróleo, es conocido como "el de los barriles de papel", por contraposición al otro, el de los barriles reales, que es donde venden quienes lo tienen y compran los que lo necesitan. Actualmente hay una gran divergencia entre uno y otro: el primero, el de los barriles de papel, lleva tres semanas consecutivas en posición de adquisión de opciones, mientras que el segundo se está desmoronando. La Agencia Internacional de la Energía ha anunciado esta mañana que el último trimestre de 2011 se cerró con una caída en la estimación de la demanda ni más ni menos que de 300.000 barriles al día para todo el año. La contracción en Europa es aún más acusada: una caída del consumo en 2011 del 4,6 por ciento. Desde la crisis de las subprime no se había producido una caída en las estimaciones de consumo, como la de 300.000 barriles al día que la AIE ha ofrecido hoy.

Y si la economía no tira para adelante y el consumo se retrae, ¿por qué suben los precios?. Pues porque los carburantes son una auténtiva "vaca lechera" para las Haciendas nacionales y cuando los precios en origen bajan, ellas consideran que se les abre un margen recaudatorio adicional, y lo apuran.

Además, los precios, en este mundo de oro negro, pero también amarillo, se fijan siempre en base a las referencias más caras, como los que rigen en los mercados "spot", que son estríctamente especulativos.

La estructura empresarial del sector, en fin, es vertical: dominan la extracción, el transporte, el refino y la distribución. Les basta con cerrar el grifo en un segmento de la poducción para que los precios suban.

De  modo que ya tienen ustedes los motivos de que a día de hoy, los precios de la gasolina estén aún más caros que antes de la crisis, a pesar de una muy importante caída en 2009. 

El negocio de la golosona gasolina se ha recuperado, vaya que sí. Pero a costa de una vuelta de tuerca más a la cada vez más reducida clase media.

viernes, 14 de octubre de 2011

Gasóleo


(A día de hoy, esta es la diferencia tributaria de la gasolína sin plomo de 95 NO y el diésel. La Comisión europea quiere que esa diferencia desaparezca y algunos Estados miembros de la UE se están chupando los dedos)
Gráfico: F. Pescador


Hace unos días les revelaba a ustedes que soy bastante escéptico sobre la credibilidad de los argumentos que se nos ofrecen desde las instancias del poder (hay muchísimas, cada día más), para explicar determinadas actuaciones. Hoy tengo que reafirmarme en lo dicho, a cuenta de una historia que está pasando relativamente inadvertida en España: el próximo sartenazo fiscal que se anuncia sobre los carburantes.

La Comisión europea presentó en abril un proyecto de revisión de la Directiva que regula la tributación de los productos energéticos y la gente ha comenzado a echar cuentas. Ayer, por ejemplo, la Federación Belga de Industrias del Automóvil y la Motocicleta,  FEBIAC, denunció que los planes de la Comisión podrían entrañar un sobrecosto de 600 euros al año a los usuarios de vehículos que utilizan gasóleo como carburante. El gasoil sería, de facto, más caro que la gasolina.
Una cosa así sería un disparate económico, porque el gasóleo es más barato de producir que los diferentes tipos de gasolina; requiere menos esfuerzo de refino;  a los fabricantes les cuesta más barato procesar un litro de gasoil que otro de gasolina. Pero hete aquí que las instancias de poder echan mano del argumento ecológico y, bajo su protector manto, hasta la astracanada fiscal más grosera encuentra una justificación. “El efecto principal (de la pretendida reforma de la Directiva) en todos los Estados miembros, decía la Comisión en abril, será que tendrán que poner fin al actual trato fiscal distorsionador de la gasolina y el diesel. Este último paga ahora menos impuestos por litro que la gasolina en todos los Estados miembros salvo uno (el Reino Unido), pese a su mayor contenido energético y de CO2 en volumen. Esto ha llevado a una situación en que las señales de precios ya no pueden desempeñar su función: mientras que el precio del diesel (antes de impuestos) es más alto que el de la gasolina (debido a un exceso de demanda en la UE), esta proporción se invierte en las gasolineras debido a la fiscalidad. Esto se traduce a su vez en una mayor demanda de diesel pese a su penuria en la UE. La propuesta acabará con esta distorsión al aplicar una fiscalidad neutra a la gasolina y el diesel, así como a otros carburantes, tras un período transitorio de diez años para permitir a los agentes del mercado adaptar sus procedimientos industriales. La mayoría de los Estados miembros podrá conseguirlo mediante un aumento del tipo aplicado al diesel o una reducción del aplicado a la gasolina”.

Yves de Partz, especialista del automóvil en un principal periódico belga, abundaba ayer en el argumento “verde”, cuando afirmaba que “El objetivo (perseguido con la subida de impuestos) es uniformizar la tributación de los carburantes en función de la energía y de la contaminación. Suprimir la ventaja de la que, en este sentido, se beneficia hoy el diesel. El diesel consume menos, pero, en cambio, emite partículas para las que se han creado filtros, que no alcanzan a detener las partículas más finas, que son las más peligrosas para la población. Se da una paradoja: gobiernos como el belga incentivan mucho la compra de vehículos diesel, a través de las primas ya conocidas. El objetivo es disminuir las emisiones de CO2, de evitar el calentamiento de la Tierra. Se anima a la gente a comprar vehículos diesel; ahora se les va a tasar”.

¿Se acuerdan ustedes de cuando nuestros gobernantes cantaban las excelencias del diesel? Los coches duran más, consumen menos carburantes y no emiten determinados contaminantes cancerígenos, nos decían, para resaltar a continuación, con un mohín de malicia, que los japoneses no dominaban esa tecnología como los europeos, por lo que comprar un coche de gasoil equivalía a sostener a la industria europea del automóvil.

Lo que quizás ustedes no recuerden, pero yo sí, es que en 1989, cuando se adoptó la normativa sobre emisiones contaminantes de vehículos automóviles luego tantas veces revisada, se calculaba que los coches de cilindrada pequeña verían incrementado su precio en un 5% debido al costo del catalizador y a otras reformas necesarias en el diseño de los vehículos, para cumplir con los requisitos medioambientales entonces establecidos.

¿Y ahora todo eso no vale? ¿La solución está en subir los impuestos? ¿No será  que nuestros gobernantes han visto margen para recaudar más del gasóleo de automoción, por vía de la equiparación tributaria con la gasolina?

Lo dicho, no me creo nada.
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