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sábado, 5 de abril de 2014

Olio



Pocas veces he sentido en Bruselas la agitación telúrica del "¡Que nos lo llevan!" como cuando se ha discutido aquí del aceite de oliva. Desde la adhesión de España a la Europa comunitaria, en 1986, los avatares vividos por este sector ha sido cantados en este peculiar Corral de la Pacheca que es la capital comunitaria tan estentóreamente , si no más, que el alarido del Blas Molina ante la inminente partida forzada de Francisco de Paula, camino de París. Cierto es que los amargos episodios de estos últimos treinta años -otros no lo fueron tanto y algunos incluso cubrieron de oro a sus protagonistas, pero se los callaron o les pusieron sordina- no nos han enzarzado en ninguna guerra con los epígonos de Napoleón pero tampoco lo es menos que, en este caso que nos ocupa, el enemigo es otro, Italia, y que Roma, la Roma fullera y tramposa  que denunciaba la Liga Norte de Umberto Bossi, parece estar a punto de ganar la batalla, la guerra y la posteridad. Todo junto y de una tacada.

España es el principal productor mundial de aceite de oliva. Llegó a la Europa comunitaria con unos campos de olivares que parecían rastrojeras y hoy en día te paseas por ellos como por un jardín. Entre entonces y ahora lo que ha habido no es otra cosa que inversiones masivas de los fondos europeos en un sector que ha conseguido consolidar una posición preeminente en Europa. Uno de los pocos que nos quedan.

Al campo español, los entonces Diez y Francia muy en particular, le impusieron un larguísimo periodo transitorio de 10 años (al final fueron 7) para asimilarse en derechos a los demás socios comunitarios. El aceite de oliva lo aprovechó para dar un salto de gigante en la modernización de producciones y calidades.

Cuando España entró en Europa, se encontró con un modelo de tomas y dacas que había sido diseñado tiempo atrás, y esencialmente para los países fundadores. "Tú me das esto y yo de doy esto otro, y de esta manera", se habían dicho los "pata negra" del club, y la cosa funcionaba estupendamente. A Italia, por ejemplo, uno de sus retornos económicos le venía de la mano del aceite de oliva y mediante un procedimiento de cálculo ciertamente singular: por en número de árboles censados. España, que tenía -y tiene- extensiones prodigiosas de terreno dedicadas al cultivo del olivar, (413.000 explotaciones de un tamaño promedio de 5,3 ha, lo que arroja una superficie total de 2 millones y medio de hectáreas, más que Italia y Grecia juntas) topaba con un techo a sus remuneraciones (subvenciones) al sector que le venía impuesto por el modo de hacer las cosas "a la italiana".

¡Qué follón montó Loyola de Palacio para cambiar aquello! No sé si lo recuerdan: segunda mitad de los 90, el PSOE recién  desalojado del poder y una ministra que resultaba blanco fácil para la oposición. El Comisario de Agricultura, Franz Fischler, no quería desmontar el modelo de ayudas al aceite de oliva para primar la producción, como quería España, entre otras cosas porque no le salían las cuentas (grandes capitalistas habían comenzado a invertir en olivos en España). Las acusaciones de fraude levantaban olas por todo el Mediterráneo. De este lado se decía que allí ponían árboles falsos para engañar a los satélites artificiales en sus conteos de olivos (y Fischler decía que no, que el satélite tenía no sé qué algoritmo que le ayudaba a distinguir lo auténtico de lo falso); y de aquel, que las almazaras españolas  computaban como aceite lo que no merecía siquiera la denominación de grasa... Pero el hecho cierto es que, año tras año, los italianos venían a España, se llevaban ciento y pico mil toneladas de aceite español y luego lo vendían por el mundo como propio.

Al final, la ministra se llevó el gato al agua y se firmó una Cantidad Máxima Garantizada para España de 760.027 toneladas, con una ayuda unitaria por kilo de 222,18 pesetas. Ahora, las cuentas no se hacen así: casi todo va por la vía de la ayuda unitaria al agricultor.

El caso es que en los 90, España dio la batalla por su aceite y en los 80 había hecho otro tanto el ministro Carlos Romero, en el primer gobierno de Felipe González, cuando Lesieur quería hacerse con Koipe, que terminó en manos de la italiana Ferruzzi. Pidió Romero que se declarara al aceite de oliva "sector estratégico nacional". Como el del acero, que ahora está en manos de un multimillonario indio.

Ahora son nuevamente los italianos los que cargan y vienen a por todas. Aprovechándose de la fragilidad extrema en la que los abusos políticos y la mala gestión empresarial han sumido a las Cajas, propietarias de una parte significativa del capital, un grupo público italiano se apresta a lanzar una OPA sobre la totalidad de Deoleo, que es la marca española que lidera las ventas de aceite de oliva a escala planetaria.


Si lo consiguen, treinta años de esfuerzos políticos y diplomáticos se habrán ido por la borda. Y con ellos, las perspectivas de futuro de un sector privado muy prometedor para el país, que quedará en manos del interés público italiano. Igualito que Endesa.

lunes, 24 de marzo de 2014

Fúnbol


Tengo una aplicación informática que buscan noticias por todo el mundo. No se trata de un agregador de esos, tan de moda. Tampoco es un RSS, ni siquiera un recopilador de paginas, un tracker programable, que ofrezca contenidos de un interés específico para mí en un ámbito predefinido. También tengo todo eso.

De lo que les hablo hoy, aquí, es de algo completamente diferente: estoy describiendo una aplicación de rastreo de información en tiempo real, que utiliza herramientas similares a las de Google para moverse constantemente por Internet y que filtra después los contenidos que recopila, que son abundantísimos, con utilidades de filtrado y traducción basadas en tecnicas avanzadas de inteligencia artificial. Merced a ellas, una información concreta es situada en un contexto, ya sea este conceptual, geográfico, corporativo, económico, industrial o financiero. Es como lo que el espionaje electrónico norteamericano hace con lo que está oculto, sólo que en este caso, lo que se tamiza es lo que se ve.

No insistan; no les voy a decir cuál es. No me dejan.

Esta de las que les hablo es una aplicación de esas del think global que se encuentra en un estadio de desarrollo muy avanzado. Hay otras. CodeSyntax, de Eibar, han desarrollado un programa que rastrea Twitter constantemente y que ofrece una selección de tweets en base a unos criterios predefinidos (por ellos mismos). He salido ahí alguna vez. Y unos americanos, Dataminr, pretenden sacar al mercado, para finales de este año, una aplicación de ese mismo género, pero muchísimo más desarrollada porque, al igual que la NSA, detectará patrones o modelos en el flujo de información, que irá depurando internamente hasta ofrecer a quien tenga el servicio contratado lo verdaderamente sustancial de algo que se haya descubierto, en cualquier lugar del mundo. De ahí a contactar por Tweeter con alguien que está donde pasa algo grande, y pedirle una foto, no hay nada. Les solicité a estos de Dataminr un acceso de evaluación hace unas semanas, para jugar un rato con la bestia, pero me aplastaron contra la pared como si fuera una mosca. Dijeron que estaban colaborando con la CBS, la CNN, y así, y que si alguna vez pensaban en particulares afanosos, me tendrían en cuenta. No les espero.

Les cuento todo esto como desahogo porque esta mañana me ha debido dar un aire y he puesto a mi monstruoso procesador de información a ver qué estaba diciendo el mundo de España (Spain), en correlación con personas, y en el tracking específico de "Categories". El contador me ha dado instantáneamente 298 targets, en medios informativos desde Manila hasta Tierra de Fuego. ¿Lista de nombres referenciados en los targets?: (por orden) Real Madrid, Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Sergio Ramos, Atlético de Madrid, Alfredo Iniesta, Dani Alves, Gerardo Martino, Urdiano Mallenco, Santiago Bernabeu, Xabi Alonso, Carlo Ancelotti, Karim Benzemá y Adolfo Suárez. Después, más fútbol.

No sé si habrá alguien orgulloso de que España tenga a las personalidades precedentes en su relación de curiosidades dignas de la atención mundial. Yo, desde luego, no.

sábado, 22 de marzo de 2014

La Fábrica


Hay un tipo por ahí, un tal Elon Musk,  que va camino de cambiar el mundo. Se le ve por California de vez en cuando, portando sus insultantes 42 años como cualquier casual wear. De su magín han salido ya cosas espectaculares, como Paypal, que no sólo le han convertido a este chaval-camino-de-dejar-de-serlo en archimillonario, sino que le han dado pie para ensayar otras empresas aún más sobresalientes.Mucho más.

La última en la que anda metido es construir una Fábrica que abaratará enormemente el precio de las baterías de ion-litio que equipan a sus coches eléctricos, los muy reputados Tesla, o a los Boeing 787 Dreamliner, o a los teléfonos móviles de última generación.  Ustedes se dirán, ¿y cómo va a cambiar mi vida que la batería de mi coche sea más barata, o que pueda rodar más kilómetros en mi híbrido sin recurrir a la gasolina? Pues bien fácil: porque podría suceder que esa batería que salga de la nueva Fábrica de Musk, si es que llega a construirla, no facilite tracción a su coche, sino energía a su casa toda entera; que se recargue con la luz del día y que le permita desengancharse de la red eléctrica.

Sí, de esa red que le mete en casa kilowatios en cuyo precio se contabiliza la moratoria nuclear, los costos de transición a la competencia, Rodiezmo, las esperanzas de beneficio de todos los operadores de los mercados de futuros que intervinieron en las subastas CESUR, los sobrecostos puramente especulativos del crudo y sus derivados, imputaciones ignotas de costos a instalaciones de generación ya amortizadas, impuestos, el beneficio legítimo del operador  y al final, muy al final, lo que de verdad cuesta la producción de ese kilowatio.

Los coches de Musk son los que más kilómetros ruedan sin recargar sus baterías. Han alcanzado un éxito planetario pero resultan muy caros, porque el acumulador de energía, que proporciona entre 60 y 85 KW/h, lo es. De ahí que el chaval se haya dicho: me voy a construir una gran fábrica (la llaman ya "la Gigafactory), en la que, por un lado entraría materia prima y por el otra saldría el paquete de pilas listo para su uso. Dicen que Panasonic podría meter en el proyecto más de 1.000 millones de dólares y que hasta Apple estaría echándole un ojo a la cosa. Forbes contaba el otro día que el objetivo de Musk es producir 30 gigawatios/hora de baterías por año. Es decir, más que la actual producción mundial de baterías de ion-litio. Y en una sola instalación industrial.

La gigafábrica no sólo abarataría el paquete de baterías, lo que es fundamental para los nuevos modelos de Tesla, unos más caros que los actuales, otros más baratos; también acrecentaría su versatilidad. Y ahí es donde entra en juego la autonomía energética doméstica. En California, como en tantos y tantos sitios, se ha fomentado la generación autónoma de energía, a partir de paneles solares y otras fuentes de energía renovable. La gente almacena energía en "bombas de calor" para consumo en horas nocturnas y el excedente lo vuelca en la red, por lo que cobra unos dólares. Pero hete aquí que los operadores de la red están molestos, porque consideran que los particulares no soportan en la medida que estiman justa la carga que representa el mantenimiento de esa red, ni la capacidad de aporte de electricidad en "picos" de demanda. Ya saben: eso que llaman "capacidad de backup".

Pues es el caso que los operadores querían cobrarles a los californianos 50 dólares al mes por permitirles reenviar sus excedentes de producción de energía solar. Y un juez ha dicho que no, que como mucho podrían cobrar entre 3 y 6 dólares. Otros cinco Estados norteamericanos están dilucidando la misma cuestión.

De puertas adentro del domicilio particular a pilas, la cosa funcionaría de la siguiente manera: la instalación solar generaría corriente continua(como hasta ahora) la cual, a través de un inversor, pasaría a alterna. Desde ahí habría dos posibilidades: alimentar la batería de la casa o verter a la red. Si la red no se deja, pues pones una batería más gorda y vives de su carga. ¿A qué precio? Hablan de unos 2.000 dólares por domicilio. Wall Street está modelizando el negocio y una tal SolarCity, que dirige un primo de Musk,  ofrece ya el paquete completo, con baterías y software de gestión incluidos.

No se sabe  si las baterías llegarán a sustituir todo el aporte energético externo que necesita una vivienda moderna, pero qué duda cabe de que La Fábrica puede terminar cambiando muchas cosas que parecían inmutables.

martes, 11 de marzo de 2014

Pompas



Un amigo mío que ha pasado este año por Davos (casi todos los anteriores también) me cuenta que asistió allí a una mesa redonda, a puerta cerrada, de algunos de los grandes banqueros del mundo. Estaban preocupados, me asegura, por la pérdida de credibilidad del sector en la opinión pública y se preguntaban cómo recuperarla.

El estupor debió dibujárseme en la cara pero mi amigo, inclemente, siguió hurgando en la herida: "En esa recuperación de imagen no consideraban la posibilidad de prescindir de sus bonus", me dijo maliciosamente.

En este tiempo en el que las burbujas financieras explotan como las de jabón de los críos, uno se ve forzado a reconocer que el material que utilizan los banqueros para sus pompas es mejor que el del común de los mortales.  Quizás sea porque tienen medios -ellos sí- para comprar el mejor jabón del mercado; incluso para pagar investigaciones sobre la tensión superficial de las pompas y su capacidad portante máxima.

Hay síntomas, sin embargo, de que el material está llegando al límite de lo que puede soportar y que podría desfondarse.  Además de que, stricto sensu, podría discutirse, y mucho, sobre si el dinero que los banqueros invierten en alimentar la burbuja que los aísla de ese mundo que no les quiere, les pertenece a ellos o a sus accionistas. O a los contribuyentes, si las entidades en las que prestan sus servicios han sido rescatadas con dinero público de sus propias torpezas.

Hace ahora cuatro años y medio, el 22 de septiembre de 2009, Adain Turner, entonces presidente de la todopoderosa Financial Services Authority (FSA) británica, manifestó ante la élite política y financiera londinense que  la City estaba "hinchada" ("swollen") y que la mayor parte de las actividades financieras que se desarrollan en su seno "carecen de utilidad social" ("social useless").

El regulador británico, lord para más señas, cantaba la evidencia: que la liberalización de los movimientos de capitales a corto plazo, puesta en práctica en los 80 y 90, se ha pasado y que, como si de una peste se tratara, la financiarización de las actividades económicas ha invadido todos los espacios. El dinero se va como viene, después de haber sangrado hasta el tuétano piezas valiosas de los sistemas  productivos nacionales, buscando el beneficio en el corto plazo y desentendiéndose del largo. Las fabulosas multiplicaciones del dividendo neto frente a los muchos más modestos progresos de los excedentes brutos de explotación se han generalizado, remunerando glotonamente al capital y a los gestores con bonus de tallas obscenas. Esos de los que los banqueros de Davos no quieren prescindir.

Como le sucede a Jamie Dimon, el patrón de JPMorgan, que ha visto sus emolumentos doblarse en 2013, hasta los 20 millones de dólares, mientras su banco hacía frente a pagos de 20.000 millones por conflictos con la justicia, derivados de operaciones dolosas, relacionadas con las subprime principalmente. Es una constante: la gran banca está pagando caro, a ambos lados del Atlántico, sus abusos: las multas milmillonarias se acumulan.

A lord Turner le llovieron las críticas de quienes confunden la riqueza propia con la prosperidad común. Era previsible. Pero sus ideas se están haciendo camino. En Davos se ha hablado del retorno paulatino de la banca a sus esencias: a gestionar el ahorro que se les confía, huyendo de esas construcciones financieras complejas que extienden fabulosamente la copa del entramado mientras la base sigue teniendo la misma estrechez. La regulación va en ese mismo sentido: reducir el margen especulador de los bancos separando (aunque no del todo aún) banca de inversión y banca comercial y simplificando sus estructuras.

Asistimos estos meses, sin duda bajo la presión reguladora, a la estampida de la gran banca internacional de mercados de enorme importancia, como los de materias primas. JPMorgan Chase vende su negocio de activos físicos en materias primas, Morgan Stanley hizo ya otro tanto y Deutsche Bank abandona el segmento de ese mercado en el que se desenvolvía.

El problema es que esas cesiones se suelen realizar a grandes traders (Mercuria, Vitol, Grencore Xtrata) que están aún menos regulados que los bancos y cuyo volumen de negocio se ha multiplicando exponencialmente estos últimos años. Otro tema sobre el que, parece, habrá que trabajar duro en el medio plazo.


Resulta ya evidente que las democracias liberales están corrigiendo la deriva de una liberalización del dinero, la acometida en las últimas décadas del siglo pasado, sin una regulación paralela que limitara abusos y riesgos. Cierto es que la ingeniería financiera no va a desaparecer, aunque los bancos reduzcan el alcance de sus ambiciones. Prosperará lo que se llama el shadow banking la banca en la sombra. Pero los Dimon, (JPMorgan) Fuld (ex Lehman Brothers) O'Neall (ex Merril Lynch) o Prince (ex City)no comprometerá el dinero de los contribuyentes cuando metan la pata.

sábado, 8 de marzo de 2014

Credibilidad (2)




Credibilidad


Es muy habitual que los españoles que vienen a Bruselas les pregunten a los compatriotas aquí instalados aquello del "¿cómo nos ven?". Se sobreentiende que el resto de los europeos a los españoles. De un tiempo a esta parte, sin embargo, no detecto muchas preguntas de este género y me da la impresión de que, aún cuando la curiosidad persista, el temor a una respuesta incómoda gana la partida y la pregunta no se llega a formular.

No son menores los motivos que podrían explicar estas prevenciones. El tinglado ese de la "Marca España" podrá hacer lo que quiera, pero un país asistido por los Fondos Estructurales de la UE en el que parece haberse estafado profusamente al presupuesto comunitario, como se sospecha ha sucedido con los cursos de formación cobrados y no impartidos en Madrid, o en Andalucía, o en Cataluña (¿en otras comunidades autónomas por qué no, si esto parece Jauja?), no es que arroje su credibilidad a una fosa, sino que, además, la cubre de estiércol.  Y de semejante guisa, en una fosa y cubierta de estiércol, la credibilidad nacional va a tener que negociar y renegociar las ayudas europeas con las instituciones europeas en el inmediato futuro.

Porque nadie creerá que el dinero presuntamente estafado de los presupuestos destinados a la formación de desempleados procede del IBI madrileño, los impuestos devengados por los olivares jienenses o el IVA de las ensaimadas. No. La mayor parte de ese dinero viene de Bruselas, a través de las dotaciones del Fondo Social Europeo, que durante el periodo 2007-2013 entregó a España un total de 8.053 millones de euros para diversas iniciativas. De entre ellas, la formación de trabajadores activos o en paro no es una de las menos relevantes. La cofinanciación nacional de esos proyectos rebasó ligeramente los 3.000 millones (el 37%) estos siete años atrás y las aportaciones privadas ascendieron a 129. En el nuevo marco presupuestario 2014-2020 se exige que no menos del 20 por ciento de las dotaciones del FSE se destinen a estos fines formativos.

Para controlar la adecuada utilización de los fondos europeos, Bruselas utiliza mecanismos complejos. Les adjunto un gráfico que lo ilustra y que procede de un informe del Tribunal de Cuentas Europeo (el Informe Especial 3/2012 sobre corrección de las deficiencias observadas en los sistemas de gestión y control de los Estados miembros del gasto europeo en Políticas Estructurales). Dibuja un flujo redundante de información, mediante el cual las autoridades comunitarias buscan garantizarse que el dinero que libran se emplea correctamente,.

Pero Bruselas depende mucho de la supervisión nacional porque carece, ella misma, de inspectores que certifiquen que la "autoridad de gestión" ha comprobado que un proyecto determinado existe de verdad, y no sólo sobre papel. De hecho, esto es lo que parece haber sucedido en algunos  de los casos conocidos estas últimas semanas. En otros, además, se vislumbraría, como mínimo, una muy mala gestión, dolosa o no, en niveles de la administración pública competente. Y España es el país de la Unión Europea que más autoridades de auditoría cuenta para el Fondo Social Europeo. Son 19, a razón de una por Comunidad Autónoma y dos más para Ceuta y Melilla. Alemania le sigue a larga distancia, con 7. La mayor parte de los Estados miembros tiene una sola autoridad competente en la supervisión del gasto del FSE (Tribunal de Cuentas Europeo, Informe Especial 16/2013, "Evaluación de la 'Auditoría Única' y del grado en que la Comisión se apoya en el trabajo de las autoridades nacionales de auditoría en el ámbito de la Cohesión").

Las autoridades comunitarias tienen una larga experiencia en abusos y estafas varias a los fondos europeos. En 1994, sin ir más lejos, un "arrepentido" de la Mafia reveló que el Fondo Social Europeo llevaba años pagando en Nápoles cursos de formación a personal de vuelo y de tierra de una compañía aérea local. Pero los tales cursos no habían existido jamás. Ni ellos, ni los estudiantes, ni los profesores, ni la academia. Nada.


Con semejantes antecedentes, no es extraño que los españoles que visitan Bruselas no den signos de interesarse por la percepción que el resto de los europeos tiene de nosotros estos días. Pues no es que que las comparaciones sean odiosas; los odiosos son los hechos comparados.

miércoles, 29 de enero de 2014

Reparto del Fondo para la Pesca



A los que dependen de las ayudas a la pesca de la UE les interesará saber que la Comisión, el Consejo y el Parlamento europeo han llegado a un acuerdo informal esta noche pasada sobre el reparto de las cantidades contempladas en el Fondo Europeo Marítimo y de Pesca (FEMP) para el periodo 2014-2020.

1.- Son un total de 6.396 millones de euros que se destinarán a:

- Desarrollo sostenible de pesquerías y acuicultura, en gestión compartida entre las instituciones europeas y los Estados miembros: 4.340,8 millones

- Recolección de datos (520 millones) y partidas para control y supervisión de la actividad pesquera (580 millones)

- Compensaciones a las regiones ultraperiféricas: 192 millones; asignaciones para la Política Pesquera Integrada: 71,1 millones; ayudas al almacenamiento en caso de crisis: 45 millones.

- Asignaciones de atribución directa a la UE para gestión: 647 millones

El acuerdo asume la posibilidad de transferir recursos entre las partidas de recolección de datos y de control.

2.- Las condiciones para la renovación de motorizaciones serán de aplicación a:

- Pequeñas embarcaciones de pesca costera de hasta 12 metros, probado que la nueva máquina tenga el mismo o menor poder que la antigua

- En buques de hasta 18 metros cuando el rendimiento de la nueva motorización sea, al menos, un 20% inferior a la que sustituye

- En buques de hasta 24 metros cuando la nueva máquina rinda un 30% menos como mínimo de la que sustituye.

3.- El apoyo al cese de actividades por no renovación de acuerdos de pesca con terceros países se limita a 6 meses.

4.- Se establecerá un plan de acción para las flotas costeras de pequeña eslora cuando su proporción sea importante.

5.- No serán elegibles, a efectos de apoyo financiero del Fondo, equipos que incrementen la capacidad de la embarcación

6- Se establecerán compensaciones para los daños sufridos debido a la acción de depredadores.

Estas grandes líneas del acuerdo deberán ser objeto de desarrollo pormenorizado en documentos específicos, actualmente en elaboración.


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