miércoles, 3 de diciembre de 2008
Hong Kong
Me he quedado bastante sorprendido por la respuesta que el diputado Ignasi Guardans ha dado a mis interrogantes del post “Bombay”. Me dice que él y sus otros seis compañeros de delegación estaban allí para “verificar cuáles son la preocupaciones de la India en las negociaciones en curso en la Organización Mundial de Comercio, y otro tanto en el acuerdo bilateral con Europa. En ambos se juegan mucho también las empresas y los consumidores españoles. El control parlamentario de estas negociaciones las hace más transparentes y democráticas, sacándolas de los cenáculos tecnócratas tantas veces criticados”.
Mi sorpresa responde a un hecho sencillo: el Parlamento europeo carece de competencias en materia de política comercial. Las cosas, en este terreno, pasan de la siguiente manera: la Comisión formula propuestas a los Estados miembros. Estos las discuten en el Consejo de ministros y otorgan a la Comisión un mandato negociador, cuya evolución es analizada en el seno de comités competentes, y en el propio Consejo. Al Parlamento sólo se le consulta después, y no en el marco de un procedimiento que le confiera poderes coercitivos reales. Les adjunto en un fichero aparte los artículos correspondientes al caso del Tratado de Niza, que es el que está en vigor, por si les pica la curiosidad.
En fin, que Guardans y los suyos estaban allí llevados -vamos a decirlo así- por una sana curiosidad, más que porque sus responsabilidades se lo exigieran. Cuando uno tiene responsabilidades públicas, las afronta con fondos públicos. Pero es raro que alguien tire de fondos públicos, aprestados por los contribuyentes, para cometidos que no están respaldados por una responsabilidad pública. Guardans y los otros seis lo ha hecho y a mí no me vale como justificación que me digan que la India vive un momento interesante y que hay que estar allí para sacar los debates comerciales de los círculos tecnócratas. ¿Cómo va a hacerlo el señor Guardans, si nadie le va a llamar para que ejerza autoridad en esta materia, de la que carece institucionalmente?. A mí también me gustaría conocer el momento que vive la India, pero mi director no me paga el viaje -menos en primera y aún menos con estancia en un hotel de lujo-, y me tengo que quedar con las ganas.
Yo publiqué el post de Bombay porque lo de los viajes de sus señorías es bastante escandaloso. Lo de Guardans no tiene justificación, por mucho que él se empeñe, pero, a fin de cuentas, su curiosidad viajera a costa del contribuyente es pecata minuta en comparación con el viaje a Hong Kong, en diciembre de 2005, de otra delegación de comercio exterior de la Eurocámara. Allá, hace casi tres años, con motivo de una ministerial (no una cumbre, sino una reunión de ministros de Comercio), de la OMC, que se veía acompañada de una reunión parlamentaria, se fueron treinta (¡30!) europarlamentarios. En primera, claro, y a hoteles de lujo. Y otra vez se invocó una materia, la política comercial común, sobre la que el Parlamento europeo carece de competencias.
Guardo en mis archivos los minutos de las Conferencias de Presidentes (de grupos políticos) en las que se decidió aquel disparate. Se narran en ellos cómo el Consejo había propuesto a la Eurocámara que fueran 26 de sus miembros, y cómo la cifra fue aumentada hasta 30 por los responsables de la Eurocámara.
Y se dice también que la misma Conferencia de Presidentes autorizó a 8 miembros de la Delegación a desplazarse a la provincia china de Guandong, la antigua Cantón, la provincia más poblada del sur de China, “probado que no se rebasaban los márgenes presupuestarios” del viaje a Hong Kong.
Estoy seguro de que había margen suficiente: el vuelo a Hong Kong en primera, desde Bruselas, sale por entre 11.976 y 12.063 euros.
Y todo ello, además, teniendo en cuenta que, según las “Reglas de viajes para delegaciones de comités más allá de las tres plazas de trabajo”, adoptadas por el Buró de la Eurocámara el 2 de octubre de 2000, ningún comité parlamentario está autorizado a viajar fuera del territorio de la Unión. Ni el de Hong Kong, ni el de Bombay.
lunes, 1 de diciembre de 2008
Bombay
El
eurodiputado Ignasi Guardans (Liberales del Parlamento por Convergencia
Democrática de Cataluña) ha montado una buena escandalera por la
descoordinación de la UE en el rescate de los europeos atrapados en
Bombay (India) cuando los úlktimos atentados atentados terroristas.
Dice
Guardans, y no parece que le falte razón, que aquello ha sido un caos:
que el alemán vino a llevarse a los alemanes, que Esperanza Aguirre se
fue corriendo, que en el avión español no cabían todos los españoles que
debían ser evacuados…
Esto
del Airbus español a mí, personalmente, me ha parecido una chapuza.
Había más de 60 españoles en Bombay, pero esas eran las plazas
disponibles en el avión. Se trata de la última gran adquisición del Ala
de Transporte de personalidades del Estado español, (creo que es el
Escuadrón 45). Sólo hay uno de esos airbuses. Lo adquirieron para
sustituir a los dos viejos “707” que, a pesar de haber sido
remotorizados, daban muchos problemas. Es el avión que utilizan el rey y
el presidente del gobierno en desplazamientos largos. Tiene dormitorio,
salón privado y creo que también ducha. De ahí que sólo quepan 60
personas más.
Cuando
Guardans empezó a hablar desde Bombay, los periodistas de Bruselas
intentamos saber qué pasaba con esta historia y descubrimos que el viaje
de la delegación parlamentaria a la capital económica de la India no
era conocido en amplísimos estratos de la institución,
Que
el Parlamento europeo tenga a 7 personas en un hotel de lujo de Bombay
discutiendo de comercio exterior es, cómo decir, ¿exótico?. Sobre todo
si se tiene en cuenta que los viajes intercontinentales de los
eurodiputados se efectúan en primera. En Lufthansa sale a 7.985 euros
ida y vuelta por plaza el vuelo a Bombay. No sé si la delegación europea ha utilizado esa compañía aérea, pero es una de las que lo pone más fácil desde Bruselas.
¿Qué
pintaban Guardans y los otros 6 europarlamentarios en Bombay? ¿Era su
viaje realmente necesario para el normal desenvolvimiento de las
relaciones comerciales entre la UE y la India?. ¿Qué criterios se siguen
para decidir estos desplazamientos y que seguimiento se efectúa de sus
resultados?
viernes, 28 de noviembre de 2008
Bicicletas
El Gobierno de Bruselas ha decidido adoptar una medida que ya practican algunas administraciones locales y que suele ser objeto de grandes controversias: prohibir la circulación de vehículos en momentos de fuerte contaminación.
La medida será de aplicación a partir del 1 de enero próximo. Implicará la prohibición alterna de vehículos (matrículas pares o impares, un día tras otro), cuando se alcancen índices de contaminación atmosférica particularmente graves.
En esas situaciones, el transporte públlico será gratuito.
Los regidores públicos aseguran que la medida, sin duda impopular, estará en vigor muy pocas veces, porque las condiciones de contaminación que justificarán su activación sólo se dan una vez cada dos años y medio.
Los belgas ven con mucho recelo este género de disposiciones que suelen presentarse como prácticamente sin incidencia porque, una vez asumido el principio, no hace falta más que cambiar los requisitos que activan la medida para que termine haciéndose omnipresente. Es la historia de los días sin coches: en la mayor parte de Europa son de seguimiento voluntario, pero en Bruselas se aplican a rajatabla, con la policía patrullando por las calles por si algún incauto decide salir en coche. De nada sirven las protestas de los comerciantes (restaurantes, locales abiertos los domingos), por el perjucio que estas decisiones causan a sus ingresos.
El Gobierno de Bruselas y las administraciones comunales (19 en toda la ciudad) están embarcadas en una gran operación de mejora de aceras y de calles. Y allá donde entran las excavadoras, las cosas no vuelven a quedar igual para los coches: direcciones prohibidas en tramos minúsculos con el objeto de hacer imposible la circulación en doble sentido, omnipresentes radares de tráfico, multas constantes, calles enteras reservadas exclusivamente al transporte público… La impresión que extrae el automovilista es que hay una política establecida para hacerle la vida imposible.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Iniciados o espabilados
El ministro belga de Exteriores, Karel De Gucht, está en medio de una tormenta política. Pocas horas antes de que Holanda nacionalizara los activos nederlandeses de Fortis, el gran banco belgo-holandés depositario de las esencias de Bélgica (antes se denominó la Societé Générale de Banque, y formaba parte de un holding del que se decía que sus actividades se correspondían con el 25% del PIB belga), su mujer vendió un paquete de acciones de la entidad de un valor cercano al medio millón de euros. Otras personas del círculo próximo del ministro hicieron otro tanto. Poco horas después de estas operaciones, los títulos de Fortis se desfondaban en Bolsa. Ahora, lo que les quedaba a los belgas de aquel gran imperio financiero es francés, a través de BNP, aunque Bélgica diga que dispone de una minoría de control en el Consejo.
El caso es que a De Gucht le acusan de delito de iniciados. El lo niega, pero la revista que ha destapado el escándalo, la nederlandesa Humo, ha sido retirada de los kioskos por orden judicial.
Al ministro lo entrevistaron cuando estaba en el Congo de visita oficial por este asunto. Contestó, según la prensa belga, que él no había vendido nada; que quizás lo había hecho alguien de su familia, pero que él no estaba al corriente. El ministro dice guardar sus títulos de Fortis, de los que no se ha desprendido. Lo vendido por su mujer lo habría heredado ella de su madre.
Para el común de los belgas, la debacle de Fortis ha sido mucho más que un problema económico. El cuño de Fortis equivalía, en este país, a una especie de garantía incuestionable de seriedad, honradez y solvencia.
Pero resulta que altos ejecutivos de la entidad recibieron sumas millonarias en concepto de “paracaídas dorados”, después de cortas -y desastrosas- gestiones, siguiendo las prácticas generalizadas entre los ejecutivos de alto nivel, que cobraban muchísimo lo hicieran bien o mal.
Otro motivo para el desencanto de los belgas: el valor más seguro del país ha hecho aguas, y la mujer del ministro de Exteriores vendió sus titulos pocas horas antes de que se conociera una noticia que dio con el precio de las acciones de Fortis por los suelos. El disgusto está por las nubes. De Gucht responde la semana que viene ante el Parlamento, donde ha sido interpelado con motivo de este asunto.
lunes, 28 de julio de 2008
Delación Dos
No
crean que me he olvidado de este blog. Llevo unas semanas bastante
complicadas, y no he podido dedicarle el tiempo que se merece.
La noticia que daba lugar a mi Post “Delación” ha tenido muchas secuelas. Voy a contárselas.
En
primer lugar, y como uno de mis atentos lectores se ha preocupado en
precisar, ha habido reacciones dentro de la propia Flandes contra la
iniciativa de Overijse. Mario Keulen, ministro flamenco del Interior,
condenó la medida, juzgándola “medieval”. Inmediatamente fue criticado
por otros políticos flamencos. Como Keulen es liberal, y quienes le
criticaron militaban en las filas de la extrema derecha flamenca, o en
el radicalizado movimiento socialcristiano del norte del país, cabe
preguntarse si tras la reacción no había un puro y simple oportunismo
político.
Verán,
tanto da. Los idiomas, en Bélgica, no son sólo vehículos de
comunicación de ideas y sentimientos, sino también instrumentos
políticos para marcar diferencias. Llevo muchísimos años escuchando las
muy buenas razones de los políticos que defienden en Bélgica una fórmula
lingüística, o su contraria, y he llegado a la conclusión de que es un
problema que no tiene solución. Este país nació con este problema. La
buena fe que explicó el establecimiento de la frontera lingüística es
hoy demasiado frecuentemente sustituida por una arrogancia de cortísimas
miras, hija de la soberbia y la incompetencia a partes iguales. En el
norte del país como en el sur, porque conviene saber que las primeras
demandas de independencia las formularon los valones, no los flamencos.
Verdaderamente,
esto es una pena. Bélgica, que es un país estupendo lleno de gente
magnífica, culta, rica y creativa, se desgañita en peleas provincianas.
Lo viene haciendo desde siempre. El norte se pasa la vida buscando la
manera de afianzar una identidad distinta que la del sur, bajo la
presión de un nacionalismo radical de derechas o de izquierdas, que no
mata, pero que le hace la vida imposible a la gente. El “Walen Buiten”,
(“Valones fuera”) con el que por la fuerza los extremistas flamencos
quebraron la ley que permitía la existencia de una sección francófona en
la Universidad de Lovaina, caída del lado flamenco de la frontera, es
decir, de Leuven, está ahí, en la historia de los hechos acontecidos.
Los historiadores nacionalistas flamencos se refieren a aquellos
episodios como “los incidentes”, y pasan por encima de ellos sin
levantar la alfombra, para que no se les alborote el polvo que hay
debajo. Lo de los rótulos de Overijse es una manifestación más de una
cultura de la exclusión por la vía de la afirmación única de lo propio.
Hay otras: los bandos municipales de algunos ayuntamientos flamencos que
exigen a los niños no hablar en francés en el recreo, las disposiciones
municipales que impiden que el cable televisivo subterráneo dé tránsito
a canales francófonos por territorio flamenco, y así.
Una
de las discusiones más duras de estos días en la crisis política belga
es la escisión del distrito electoral que forman Bruselas y los cantones
de Hal y Vilvorde. Los flamencos, sobre todo los radicales coaligados
con los socialcristianos, quieren a toda costa esa escisión, que
consagraría el territorio flamenco impoluto y libre de cualquier tinte
francés. Bueno, la frontera lingüística fue establecida en Bélgica para
crear territorios lingüísticos homogéneos, en función de las necesidades
de la gente. Pero no era una frontera estática, como la que separa a
Francia de España. Podía cambiar, si lo que un día estaba del lado
flamenco, al cabo de unos años merecía estar del lado francófono, porque
la gente se expresara mayoritariamente en francés. El fiel de esa
balanza eran las encuestas censales, en las que se incluía una pregunta
muy concreta: “¿En qué idioma habla usted?”. El censo de 1947 fue el
último que incluyó la pregunta. Con motivo del de 1960, 200 alcaldes
flamencos exigieron que la pregunta de la lengua no fuera incluida en el
censo y un ministro socialcristiano como el actual primer ministro,
Arthur Gilson, se lo concedió. De manera que no hay forma hoy de saber
cuánta gente hay en Hal, o en Vilvorde, hablando francés. Pero se
presupone que es mucha.
domingo, 13 de julio de 2008
Delación
Supongo que ya saben que Bélgica está sumida en un desagradable debate político sobre el modelo de Estado. Hasta ahora, y desde 1993, es federal, pero los partidos políticos flamencos quieren evolucionar hacia un modelo confederal.
El factor diferenciador de las comunidades flamenca y valona es la lengua. Desde los años 60, el país está dividido por una frontera lingüística. Bruselas, que se encuentra en pleno territorio flamenco, tiene un estatuto bilingüe.
Pero la capital de Bélgica es muy dinámica, y la gente que la puebla se expande por los alrededores. El francés es una lengua de uso muy extendido entre la comunidad diplomática y funcionarial de Bruselas, lo mismo que el inglés o el alemán, de modo que no es infrecuente que personal internacional se termine asentando en comunas flamencas del entorno de Bruselas.
Una de ellas es Overidje, que se encuentra en las lindes del perímetro de la capital. Es una comuna flamenca. Como la gente que allí vive procede, en buena parte, de entornos diplomáticos, y el Ayuntamiento no quiere saber nada con las lenguas extranjeras, no se les ha ocurrido otra cosa a los regidores municipales que poner en marcha un mecanismo de delación, para que los vecinos denuncien a los tenderos que anuncien sus productos no ya en francés, sino en cualquiera otra lengua que no sea el flamenco.
El tal mecanismo es una dirección de correo electrónico bastante anónima (utiliza el servidor de Google). En ella, los vecinos celosos (¿paranoicos?) de su lengua, denuncian asus convecinos comerciantes que venden en otros idiomas que el de la tierra.
No sé cómo lo verán ustedes, pero a mí, estas cosas me parecen de otro tiempo, triste y que creía superado.
viernes, 6 de junio de 2008
Petróleo
Oigo hablar todos estos días de los acuerdos de Manchester sobre la fiscalidad del petróleo. A ellos se refieren todos los políticos que buscan justificaciones para no meter mano a la situación del crudo en los mercados internacionales. La verdad es que estoy sorprendido. Yo estuve allí, en Mánchester, en septiembre de 2005 y aquella no fue una reunión en la que se adoptaran decisiones formales. Era un Ecofin informal (una reunión de ministros de Economía y Finanzas en la que no se toman decisiones, porque esa formación del Consejo de la UE no tiene capacidad jurídica para adoptarlas), en la que sí se discutió del precio del crudo. Se reiteró allí la doctrina al uso en la UE desde los años 70, cuando los primeros ‘choques’ del petróleo. Nada nuevo: que los europeos tienen que pagar la energía que consumen. Con el producto caro y con impuestos. Es un modelo asumido en Europa que, sin embargo, no contemplaba, cuando lo inventaron, disparates como los que estamos presenciando en nuestros días: que los mercados de futuros tiren hacia arriba del precio del crudo, creando burbujas financieras que son el caldo ideal para los especuladores.
Todos estos años atrás, cuando el precio del petróleo se ha disparado, en Europa la Comisión y los ministros del Ecofin han hablado de la necesidad de dar transparencia a los mercados internacionales de crudo. A la hora de la verdad, las cosas siguen estando igual de oscuras.
Mientras tanto, del petróleo recaudan todos: los países productores, los especuladores y los gobiernos, que necesitan de la renta de los hidrocarburos para sacar recursos con los que atender a un gasto público siempre voraz y muchas veces acrecentado sin justificaciones claras.
La doctrina de los años 70 no debería ser inamovible: las circunstancias cambian y los políticos deberían tener cintura para adaptarse a ellas.
Les adjunto un tráfico de la OPEP, la Organización de Países Exportadores de Petróleo, que se me antoja revelador sobre las causas finales del precio del petróleo. Otro día, con más tiempo, les presentaré mis propios gráficos sobre el mismo asunto, que son incluso más espectaculares.
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